Aula del Motor: de la universidad a la competición

ucoracing 2018

A las afueras de Córdoba, en el Campus Universitario de Rabanales, se erige un bastión único donde estudiantes de distintas ingenierías trabajan para labrarse un futuro en el mundo del motor. Allí, tutelados por Rafael Pérez -que hace las veces también de profesor-, desarrollan los proyectos que poco a poco les están dando proyección nacional. Desde motocicletas eléctricas a Seat Panda preparados para atacar las dunas.

Son jóvenes, con talento y con muchas ganas, quienes regentan parte del edificio Leonardo Da Vinci bajo el nombre de Aula del Motor. Como el artista italiano, desarrollan prototipos mecánicos, algunos ciertamente revolucionarios, como actividad extraescolar y complementaria a las clases dentro de sus respectivos grados. Compaginan la afición con las ganas de aprender, aunque ello suponga agotar todas las horas del día, viéndose obligados a sacrificar en no pocas ocasiones momentos menos académicos.

La amplitud del recinto, con un largo y ancho pasillo central, contrasta con el cuadrilátero pequeño que usan como taller. Resulta difícil imaginar allí dentro a una clase completa. Sin embargo han distribuido bien el espacio, y dentro tienen ya casi preparadas las dos motocicletas eléctricas que han construido y un kart. Las horas pesan: están prepándose para una exposición con ellas y cuentan con poco margen.

Otra problemática a la que se enfrentan es el presupuesto, un mal endémico del automovilismo que lo convierte en una disciplina cruda e inclemente. La Universidad de Córdoba (UCO), cuentan, les está ayudando mucho. Con ella y con patrocinios que ellos mismos se buscan están logrando salir adelante.

ucoracing2 2018

Uniendo lazos

Desde hace unos años la UCO y Racingcor, una empresa cordobesa dedicada al mundo del motor, trabajan conjuntamente. Se encargan de poner al alumnado en contacto directo con situaciones reales dentro de la competición, aspecto que, insiste Rafael Pérez, es tremendamente importante. Con él está José Carlos García, de Racingcor y lazo entre el liceo y la competición. Su implicación en el proyecto es crucial.

Él se encarga de enseñar a los chavales los marrones a los que se enfrentarán en el mañana. Nada de teoría insulsa, sino problemas prácticos. Junto con su hermano dirige un equipo de competición de rallyes homónimo a la empresa. Los fines de semana en los que compiten cogen a grupos pequeños de alumnos y se los llevan para que puedan poner en práctica, en la asistencia, sus conocimientos y destrezas. Se trata de una oportunidad y de una relación única. La Universidad de Córdoba les otorga la formación teórica y Racingcor se encarga de complementar las horas de clase. 

Una petición al rectorado

Quizá uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los jóvenes, aparte del presupuesto y del tiempo, es al reconocimiento. En Córdoba no existe un título académico que acredite su validez en el mundo de la competición. El martes, me cuentan, tuvieron las distintas aulas y áreas universitarias una reunión con el rector. En ella, representantes del Aula del Motor pidieron ese reconocimiento académico.

Conseguirlo sería vital para poder disponer de más garantías profesionales, además de algún crédito que les permitiera poder formarse con una mayor plenitud. Por ahora el rector ha dado su palabra de que hará lo posible para que su petición se cumpla.