De vacaciones en el CERT

vierimaa pozoblanco2018

Saku Vierimaa cumple con el canon de hombre finlandés: tranquilo, reservado y de palabra parsimoniosa. Su equipo, a pesar de ser extranjero, no es ni mucho menos numeroso. Tres hombres y los dos navegantes le bastaron al Baltic Rally Rent para casi firmar un podio este fin de semana. Un fin de semana raro, lluvioso a ratos, que dejó los tramos muy difíciles de negociar.

A simple vista Vierimaa podría confundirse con un amateur. Y, aunque es el adjetivo que mejor le define, dista mucho de lo que dejó patente el sábado. Mantuvo la tercera posición en las especiales con la tierra más delicada y demostró una calidad digna de un piloto natural del país del mil lagos. No obstante Saku cumplirá el día once de este mes la cifra de 62 años. No es un piloto joven que retiene con facilidad todos los sentidos.

Que Vierimaa haya decidido volver a España - ya estuvo en dos ocasiones, una hace once años en Granada y otra hace catorce en Madrid - con un vehículo de primera categoría, y que haya rebasado con sobriedad a algunos de los habituales de nuestro nacional de tierra, pone en evidencia la falta de nivel que acusamos desde hace mucho.

Pilotos con un programa regular en equipos grandes contra un finlandés de edad avanzada que venía a divertirse con un equipo de alquiler. No es problema de los propios pilotos, sino de la falta de crítica entre quienes seguimos este deporte, que nos hayamos dado este golpe de realidad. El campeonato de tierra es un campeonato que sigue sin acumular un nivel ni cercano al nivel que acumulan países como Francia o Italia.

Tampoco el nivel es mucho mayor fuera de los coches. Saku Vierimaa sería un caramelo en cualquier otro lugar para los aficionados y para los medios: un piloto con un bagaje espectacular, no sólo en cuanto a años sino también en cuanto a monturas usadas; un hatajo de ideas y de experiencias que bien pueden engrandecer a cualquiera interesado en descubrirlas de boca de su propio autor.

vierimaa 2017

Sin embargo, la realidad fue distinta. El finés permanecía en el reagrupamiento con la única compañía de su copiloto, británico, no finlandés. Era como si a nadie le interesara su tercer puesto. Quizá por el miedo a abordarle en otro idioma que no sea el materno, o quizá por simple indiferencia, no parecía que aquel hombre tranquilo, reservado y de palabra parsimoniosa estuviera ocupando la tercera plaza y que, antes de arrancar el último bucle, estuviera peleando por la segunda.

"Estoy aquí de vacaciones" me dijo. "Vinimos aquí por el tiempo agradable" remató entre risas, mirando hacia el cielo gris, amenazante, justo después de una de las lloviznas breves que se sucedieron durante todo el sábado. "Es muy resbaladizo (el terreno), y muy difícil mantenerse en la línea. Está mucho más difícil que ayer. La tierra es consistente pero patina"

En el bucle siguiente sufriría problemas mecánicos, viéndose obligado a retirarse. Al final, si uno mira la clasificación tras el último tramo, puede concluir que no hubo nada fuera de lo común. Pero, en contraposición, en la clasificación general del antepenúltimo tramo había un finlandés mayor, amateur, que pasaba de vacaciones, encajonado en la tercera plaza y con opciones de acabar segundo.