Son las diez de la mañana en algún punto remoto y elevado de la zona de Limousin, cerca del río Ródano. Se celebra el shakedown del Rallye de Lyon Charbonnières. En la zona de meta hay apostado un grupo pequeño de aficionados. Entre los inscritos al tramo de prueba hay un Citroën DS3 WRC, pero su paso no va a ser la atracción principal de la jornada. Por detrás llega otro vehículo más antiguo y más sonoro, un Peugeot 205 F2000 con pegatinas del gigante Yacco.
Creo que a todos nos cogió por sorpresa cuando, sólo levantando el pie, atacó la curva como un guerrero que no teme por su integridad. Sin frenar y con un par de tirones al freno de mano colocó el Peugeot de lado y, siguiendo el interior de la curva, realizó una horquilla final prácticamente perfecta dando la sensación de que, lejos de perder tiempo, lo había ganado.
Y es que Francia está llena de artistas así. Titi Poizot o Julien Saunier son dos ejemplos más de pilotos que disfrutan pilotando y que, sobre todo, hacen disfrutar a la afición. Pero el ejemplo de hoy es Sébastien Dommerdich. Entusiasta de la mecánica, prepara sus coches en su garaje de Sallanches, en la zona del Ródano – Alpes. Entre sus hazañas deportivas figuran dos apariciones en la Final de la Copa Francesa de Rallyes (2010 y 2016) y una victoria absoluta, la del Rallye Monts et Coteaux de 2016, donde ganó a Yves Pezzuti (Subaru Impreza Gr. A) y a Philippe Greiffenberg (Citroën DS3 R5).

Un enamorado de la materia ralística
En Charbonnières, en la Plaza de Santa Lucía con el rally acabado, llamaba la atención su actitud risueña y dialogadora con todos sus rivales. Con todo aquello, y aunque el tiempo fuera escaso, resultaba imposible no cuestionarse cómo concebía un piloto así este deporte.
«¿Qué significan para ti los rallyes?» le pregunté, intrigado por cómo concebiría un deporte tan exacto, milimétrico, pero en que él se había salido de los estándares para hacer suyo cada giro. «Tu filosofía se asemeja mucho a la de derrapar en cada curva, y eso anima muchísimo al público. ¿Tienes alguna técnica especial?».
«Para mi los rallyes significan velocidad, carreras, improvisación y espectáculo. Siempre trato de derrapar de forma eficaz y para los espectadores. No tengo ninguna técnica especial, pero siempre intento volver a derrapar (hablamos de un vehículo de dos ruedas motrices cuya tracción no puede seguir el derrapte durante todo el giro) en cada curva para recuperar la línea«. Es por ello que se le conoce como ‘le petit Ragnotti’, el pequeño Ragnotti. «A veces me llaman Ragnotti, y me encanta, ¡es agradable para mi!».
Respecto a su futuro, lo tiene claro: le gustaría pilotar algo más potente. «Quizá me gustaría un 306 F2000. Sueño con pilotar un 306 Maxi y un DS3 WRC«. El primero, el 306, es un vehículo que ya tiene, aunque homologado como Grupo A. No cabe duda de que ver a Dommerdich montado en un 306 Maxi o en un DS3 WRC sería un verdadero espectáculo para la vista, además de un justo regalo a una trayectoria de amor por este deporte.
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