El tramo inicial del Rally de Gales no ha deparado sorpresas. Con algo menos de dos kilómetros las diferencias han sido mínimas. Esapekka Lappi (Toyota Yaris WRC) ha sido el más en un tramo que ha supuesto poco más que un trámite. No obstante, ya ha dejado el primer abandono del fin de semana: John Morrison (Mitsubishi Lancer Evo IX, piloto de índole nacional, sufría problemas en su motor viéndose obligado a no acabar la especial.
En un minuto y veinte segundos pesa más lo que puedas perder que lo que puedas ganar. Es una lección que se aprende rápido en el automovilismo. Tramos sin más interés que el suscitado en el público impaciente con ganas de ver coches compitiendo. Pero poco más. Te enfundas el mono, negocias algunas curvas y conduces hasta la asistencia. Son rutas injustas: aunque corras mucho, la ventaja que vas a sacar va a ser irrisoria.
Es por ello que estos scratch no se celebran demasiado. Es un tiempo rápido a sumar en el currículum, sí, pero a la mañana siguiente la sensación cuando se entre en faena será la de que todo se ha reiniciado. Lappi posiblemente lo sentirá, pues sólo ha sido tres décimas de segundo más rápido que Thierry Neuville (Hyundai i20 WRC) y que Jari-Matti Latvala (Toyota Yaris WRC), empatados a la milésima a su llegada a meta.
La verdadera batalla por el rally y por el campeonato ha dado comienzo temprano, cuando el primer piloto de la caravana mundialista salía a los siete kilómetros de Clocaenog. Lo de noche queda como una anécdota.












