Conocido dentro de la pista y fuera, Álvaro Jiménez es un ejemplo de lo que significa ser aficionado a un deporte tan pasional como el automovilismo. Especializado en los tramos y caracterizado por su Seat Marbella, es difícil no reconocerle cuando, gracias en gran medida al auge de las redes sociales, se cuela algún vídeo suyo en nuestro timeline. Su pilotaje me recuerda al estilo del pianista Franz Schubert.
Comencemos contextualizando musicalmente la obra de Schubert. Conocida históricamente por su complejidad – y por la teórica imposibilidad de reproducirla a piano con medida exactitud, especialmente sus Sonata en Re Mayor (D Major según la nomenclatura internacional) -, destaca auditivamente por las múltiples florituras de su pentagrama. Como derrapes, como momentos de disfrute personal en mitad del trazado de una curva, Schubert en poco menos de cuarenta minutos cambia varias veces el registro, el compás y el ánimo de sus notas. En definitiva, un legado artístico creado desde el placer pero de muy difícil reproducción. Un arte visceral: irracional e impulsado casi exclusivamente desde los sentimientos.
Criado en el seno de una familia aficionada a los coches, la adhesión de Álvaro al motor viene dada desde hace mucho. De pequeño, me cuenta, heredó la afición de su padre. Su debut como aficionado fue tempranero: con apenas dos meses de vida ya disfrutó de su primer rally. La vida de Álvaro gira en torno al automóvil: cuando no es piloto, es mecánico.
[spvideo]https://www.youtube.com/watch?v=Aao1ufJ-o4U&feature=youtu.be[/spvideo]
Todo queda en familia
Álvaro tiene un hermano menor, Gabriel, con quien no sólo comparte genes. Juntos graban desde la cuneta en aquellas pruebas adonde no acuden en calidad de participantes. Su canal de Youtube (ADRacing) es el medio donde plasman sus viajes. Con algo más de cinco mil suscriptores posee minutos grabados en Francia, Bélgica, San Marino o, cómo no, España. Gabriel es, además, su copiloto ocasional. Ya le ha servido de guía en dos ocasiones, en las dos últimas ediciones del Rally Legend Les Corbes, ambas a bordo de su inconfundible Seat.
La temporada 2016 supuso también el debut de su pareja, Georgina Márquez, en el asiento derecho. Álvaro terminaba ese año sobre la tierra de Tàrrega, en el rally local, saliendo con el Peugeot 107, un vehículo que protagonizó el Volant RACC catalán hasta hace muy poco. Juntos alcanzarían el Top 10 final.

Un héroe visceral
Si hay un adejtivo que defina bien a Álvaro Jiménez es, creo, el adjetivo visceral. Su pasión por los rallyes ha dejado una huella imborrable. Hoy poca gente es capaz de mirar a un Seat Marbella con ojos aburridos. Sobradamente conocidos son sus derrapes y su buen hacer sobre el alquitrán. Pero no es visceral únicamente por lo que deja dentro de la pista.
«Este año, aparte del Rally Legend Les Corbes, saqué el coche (el Seat Marbella) en la Subida Ullastrel» cuenta. «Yo estaba seguro de que era el último domingo de octubre y resultó ser el anterior, para el cual ya tenía billetes de avión para ir al Rally Legend en San Marino. El caso es que el domingo a las nueve de la mañana cogimos el avión de vuelta de Bolonia a Barcelona. A esa hora era la primera manga de entrenamientos. A las once y media llegamos allí, justo cuando empezaba la segunda manda de entrenamientos, pero se anuló a causa de unos accidentes en la primera. Resumiendo: ¡corrí las dos mangas de la carrera! Fue todo muy bien, me supo a poco, ¡pero pude estar!»
Fotografías: ADM Rally Photography (Facebook)












