Lo adelantábamos hace un tiempo. Un señor de edad avanzada había tomado la decisión – probablemente una de las más importantes de su vida – de correr el mundial de rallyes a bordo de un Citroën DS3 R3T en la división del WRC3, grupo que engloba además a los Junior. Fabre, con inteligencia, ideó a principios de año un programa infalible: correr donde ellos no corrieran para ganar el máximo número de puntos posibles.
Con Mi abuelo quiere ser campeón del mundo os acercamos a la figura de Michel Fabre, un afable trabajador de la industria inmoviliaria que a sus 63 años quería hacer algo totalmente nuevo. Con anterioridad ya había tenido contacto con el mundo de los rallyes pero jamás como lo ha tenido en este 2016. Ganando el campeonato ha demostrado que, a veces, «más vale maña que fuerza» o, más bien, «más vale un programa inteligente que un piloto rápido». Michel Fabre quería ser campeón del mundo y tenía todas las herramientas para hacerlo.
Llegaba a Australia con el objetivo de llevar su coche a meta. Allí ha sido el único WRC3, con lo que la victoria pasaba por no abandonar durante el último día. «Hemos conducido bien» decía al término de la segunda etapa. «Un pérdida de frenos y de potencia nos hizo dejarnos muchos y valiosos minutos. Estos tramos son mágicos, los más bonitos de toda la temporada» añadía.
En el WRC3 los pilotos tienen que quedarse con sus seis mejores resultados y Fabre ha corrido siete pruebas. Sobre la mesa Fabre es campeón, pero haciendo los descartes pertinentes se refleja que pierde el mundial por tan sólo un punto en favor de Simone Tempestini.

Su temporada no ha terminado de la mejor manera posible, pero sin duda un subcampeonato es un logro mayúsculo. Algo de lo que muy pocos pueden presumir. En el aire queda cómo elaborará la temporada venidera, aunque puede estar orgulloso de haberle dado emoción a la tercera categoría mundialista. De momento, en esta, lo que tenemos es, además de lo citado, un rally aprobado con buena nota a lomos de un Peugeot 208 T16 R5: el Rallye National de la Drôme, en el que terminaba cuarto absoluto.











