La fantástica campaña de Manuel Aviñó ha escrito un punto y final en la presidencia de Carlos Gracia. Tras 32 años tendremos a un nuevo presidente de la Real Federación Española de Automovilismo – muchos, como quien escribe estas líneas, somos tan jóvenes que no hemos conocido a otro. El horizonte no se dibuja claro, así que Aviñó tendrá por delante una tarea tan difícil como necesaria.
El 68 de la Calle Escultor Peresejo despide esta semana a quien ha sido su más importante huesped en más de treinta años. Carlos Gracia perdía este fin de semana la votación para la Dirección de la Asamblea General de la RFEdA y se veía obligado a ceder su asiento a Manuel Aviñó. Gracia se había convertido en el presidente con más antigüedad del país, superando por cuatro años a Ángel María Villar, presidente de la Real Federación Española de Fútbol.
Cae de esta manera una figura del automovilismo español a la que ya nos habíamos acostumbrado y a la que parecía imposible derrotar. Su verdugo, el valenciano Aviñó, ya lo había intentado una legislatura atrás, pero perdió la batalla por pocos votos. En esta ocasión, tras la conformación de los asamblearios que decidirían el rumbo de la RFEdA, Manuel lo tenía mucho más fácil. Una contundente mayoría era afín a sus ideas.
La tensión de mantuvo hasta casi el descuento. Tres de los asientos en la asamblea quedaron libres, siendo uno de ellos el de Fernando Alonso, bicampeón del mundo de Fórmula 1. Esto hizo que la mayoría absoluta bajase en tres puntos. Según informa el medio Heraldo, Aviñó afirmaba que Gracia había contactado con los asambleistas para «ofrecerles prebendas de todo tipo: homologaciones de vehículos para que pudieran participar en el CERA, puntuabilidades nacionales para sus pruebas, puestos de importancia en el nuevo organigrama federativo y un largo etcétera de ofrecimientos».

Una victoria no exenta de polémica
La excelente campaña organizada por Manuel Aviñó no ha sido suficiente para acallar su polémico equipo de trabajo. Bien es cierto que le han apoyado deportistas de élite como el pluricampeón nacional Miguel Fuster o diversas escuderías de todo el país, pero en su alineación para afrontar la capitanía de la RFEdA hay algún nombre que no convence a muchos aficionados.
Joaquín Verdegay ha sido el artífice de una nube de críticas que han caido sobre el nuevo órgano federativo en forma de desacreditaciones profesionales. Quien fuera mano derecha de Carlos Gracia volverá a la RFEdA de la mano del valenciano apenas un par de años después de dimitir. Abogado desde 1979, fue vicepresidente de la Federación Española hasta diciembre de 2013, cargo que alternó con su membresía en el Consejo Mundial de la FIA.
Y es que fueron muchas las palabras que se intercambiaron Verdegay y Aviñó años atrás. Se descalificaban el uno al otro, sacándose contínuamente trapos sucios y poniendo en entredicho la valía profesional del otro. Ahora, bajo el pretexto de aportar su experiencia de casi 30 años, parece que han hecho las paces. Premisa que, por otro lado, no convence a mucha gente.

El futuro es incierto
Manuel Aviñó sabe que su tarea va a ser difícil. Tendrá que licenciarse en equilibrismo económico para sacar adelante todos los campeonatos automovilísticos que tiene España y para cerrar el presumible vacío en las arcas que se va a encontrar. Tiene cuatro años para hacer de sus promesas electorales una realidad. El respetable, ilusionado y paciente, ha depositado en él una semilla de confianza que, esperamos, germine tan pronto como sea posible. Pero que no se confíe: tras más de treinta años el respetable es crítico.














