Europa tiene un nuevo gobernante desde este fin de semana. Alexey Lukyanuk, copilotado por Alexey Arnautov, lograba en Polonia su primer campeonato continental sin ni siquiera tener la obligación de acabar el rally. Las cosas se le ponían muy de cara cuando Bruno Magalhães, segundo clasificado y único piloto con opciones de arrebatarle el campeonato, anunciaba que no participaría en las dos últimas fechas del ERC.
Tíulo, por tanto, sin la epicidad que precedió a la carrera polaca. Tanto Magalhães como Lukyanuk lucharon durante todo el año a brazo partido. Si bien es cierto que en los rallyes iniciales parecía que Alexey se alejaba irremediablemente del resto de competidores, dos abandonos seguidos del ruso y dos actuaciones sobresalientes del piloto portugués devolvían el máximo interés a la competición.
Lukyanuk volvía a golpear fuerte en Roma, donde ganaba, y acababa segundo en la República Checa. Magalhães volvía a rezagarse y, de nuevo, perdía la estela de Lukyanuk. Quizá por ello priorizó no aparecer en los dos últimos rallyes, Polonia y Letonia, pruebas muy difíciles y rápidas. Lukyanuk, sin la presión que podría ejercer sobre él otro competidor luchando por el título, abandonaba en el tercer tramo cuando marchaba segundo.
Este es el fin del camino que llevaba buscando desde hacía tres años, cuando su rapidez y su irregularidad le colocaban como un piloto incierto a la hora de luchar por el título. Sin Kajetanowicz, su mayor rival en estas temporadas, a Luky le tocó bailar con Magalhães en la que ha terminado siendo una temporada no demasiado regular – cuatro podios, dos abandonos y un décimo noveno lugar.














