Desde hace una década los españoles hemos mirado a otros nacionales como quien mira un escaparate: ilusionados, pensativos y un poco decepcionados. El fino cristal eran los kilómetros que nos separaban de los World Rally Cars, una vistosa y atractiva moda entrada en años que poco a poco va cayendo en ciertos países. Ahora es nuestro momento. Es el momento de ilusionarnos con lo que se nos viene encima.
Que tire la primera piedra aquel que nunca se haya emocionado con los vídeos de YouTube del nacional francés en aquellos flamantes 2009, 2010 o 2011. Un sector de la afición a los rallyes en España, en el cual me incluyo de manera orgullosa, ha crecido admirando a los Cuoq, Snobeck, Pedersoli, Basso, Tsjoen y compañía. La era Kit Car me pilló muy niño y apenas guardo un recuerdo borroso del Mégane de Climent siniestrado en Córdoba. Mi época ha sido la de los S2000, la de los S1600 y la de los GT.
Y no es que estuvieran mal. Me considero un gran fan del Porsche 911 GT3 en cualquiera de sus versiones, pero hay algo dentro de mi que prefiere a los tracción total de mayor potencia. Lo último que he conseguido retener de aquellos S2000 es a un Enrique García Ojeda bajando a toda velocidad, sorteando cada bache y cada curva en el Sierra Morena, mientras Sergio Vallejo a bordo de una unidad casi experimental de la casa de Stuttgard intentaba darle caza de noche. Y, repito, no es que estuvieran mal. Pero prefiero al Sergio Vallejo de hoy, con ese Citroën DS3 R5 criado en Portugal con Sport&You, aún con todas las críticas llovidas y por llover.
Esta temporada 2017 viviremos algo nunca antes vivido. Tendremos una nutrida inscripción de R5 que irá creciendo paulatinamente conforme se consuma el calendario nacional. Tendremos, se prevé, dos Hyundai i20 R5 como poco, así como un Citroën DS3 R5 y algún que otro Ford Fiesta R5. El sumatorio total debería de ascender a unos cuatro o cinco como mínimo en Córdoba, cifra que, repito, debería de ir creciendo exponencialmente en pruebas futuras.

Aún nos queda un largo trecho hasta hacer del nuestro un campeonato atractivo para las marcas. Ya me lo avisaba el piloto de Meira durante la presentación de su montura en el pasado Rallye Sierra Morena: no va a ser algo inmediato. Y no le faltaba razón. Con la era GT se rompió cualquier tipo de alianza oficial en vehículos de primer nivel. Nadie quiere poner su dinero para que un vehículo no oficial y sustancialmente más barato te gane sin despeinarse.
En cambio con las bridas impuestas a los GT el panorama nacional ha dado un giro absoluto. De repente los Porsche han desaparecido. De repente una marca, Citroën por medio de su satélite luso, ha aparecido. A ella se le ha sumado Hyundai, también con satélites. Al público pareció no gustarle la idea de que los monstruosos nueve once perdieran potencia en detrimento del resto de vehículos pero el tiempo les ha hecho cambiar de opinión. Ahora la opinión de que fue una buena idea es unánime.
Pero vayamos un poco más allá. ¿Nos vendieron gato por liebre? Sin los GT3, los R4 RFEdA de RMC han sido los dueños absolutos del certamen. Nadie pone en duda la calidad de Cristian García o de Alberto Monarri, pero sería hipócrita no reconocer que ese Mitsubishi EVO X tiene poco de los R4 que pululan bajo reglamentos FIA. Ni siquiera el cambio, secuencial, se asemeja al en H de aquellos.
Sí, Mitsubishi es también una marca oficial, pero no juega con las mismas reglas que los R5. Carlos Gracia y Roberto Méndez crearon un Frankestein que ahora mismo, incluso con una brida menor, puede ser superior. Y da miedo. Si el juego va de amistades, mantener los R4 tal como están ahora mismo es lo natural; pero si el juego se toma en serio y se quiere remodelar el CERA desde su raíz no tiene sentido mantenerlos. Y, adelante, son libres de criticar estas líneas, pero a principios de 2016 se nos prometió un reglamento FIA y aún andamos esperándolo.

España al alza, Francia a la baja
Sea como sea algo se está haciendo muy bien cuando en dos temporadas se han introducido casi una decena de R5. Poco a poco el panorama va pareciéndose más al idolatrado portugués y menos al viejo nacional de los inicios de la segunda década del siglo. Es ilusionante. El otro día mi hermano me comentaba ilusionado lo de Pedro Burgo. Estamos recuperando eso, la ilusión por las carreras, y es bonito.
Yo he sido un defensor fiel del campeonato francés. He tenido la suerte de poder contactar durante dos años con gente del entorno de la FFSA (Federación Francesa de Deportes Automovilísticos) y siempre me ha parecido que realizaban un trabajo excepcional, fuera de serie, con tesón y cariño. Así es como salen las cosas bien. Pero algo ha ocurrido. Un cisma.
Nicolas Deschaux, su presidente, ha decidido cortar de raíz el principal atractivo del nacional francés de asfalto. Ahora parece que no le gustan los World Rally Cars y en 2016 ya ha avisado con un reglamento que favorece clara e injustamente a los R5. En unos años se ha pasado de tener inscripciones con decenas de World Rally Cars a tener tres como mucho y no más de diez R5.
El nacional francés de asfalto es un campeonato que está en plena caída libre. A día de hoy el aire que se respira entre aficionados es de decepción. Deschaux les ha traicionado inmediatamente después de las últimas elecciones celebradas. Prometió mucho pero está cumpliendo poco. Ha llegado a un acuerdo con M-Sport para sacar adelante un programa para jóvenes con el Ford Fiesta R2T, y es una copa que pinta francamente bien, pero ha guillotinado a los más potentes. El experimentado Éric Brunson no se cortó ni un pelo en hacer notar su malestar en sus redes sociales preguntando con ironía ¿dónde está mi recompensa tras ganar dos rallyes?

Continuismo o reforma
Con la elección de Manuel Aviñó como nuevo presidente de la asamblea de la RFEdA se dibuja un panorama incierto en el CERA. Por ahora no tenemos un reglamento de cara a 2017, aunque no tardará mucho en aparecer. El mayor interrogante nos devuelve directamente a los polémicos R4. ¿Qué hará con ellos? La brida probada por RMC en el pasado Rally de Madrid nos da una idea de por dónde pueden ir los tiros. La opinión general dice que ese será el único hueco a rellenar en el nuevo reglamento. Que seguiremos con los R4 RFEdA, aunque con una brida menor.
Conceder todo el mérito de lo logrado en el último año a Aviñó sería un error tan grande como esperar que pueda tapar en dos o tres meses los agujeros que deja su antecesor en el cargo. El número 68 de la Calle Escultor Peresejo de Aravaca, Madrid apenas acaba de empezar un nuevo capítulo en su historia. En manos de su recién estrenado equipo directivo está que sea un capítulo continuista o que suponga una reforma total y absoluta. Lo último que se ha hecho, se ha hecho bien. Sigamos por ese camino, por favor.














