Con la llegada de la Navidad hay un país que viste de gala su circuito más emblemático para despedir el año. Hungría, y su Hungaroring, preparan temporada tras temporada un rally ya mítico capaz de acoger a centenares de pilotos y de espectadores. El frío no es un impedimento para una afición que sabe cómo disfrutar de un buen fin de semana de carreras.
¿Qué os ha traido Papá Noel? A los húngaros un rally. Sí, han debido de portarse fantásticamente porque no ha faltado a su compromiso navideño. Un año más se celebrará el Szilveszter Rallye, la San Silvestre del motor, que reunirá a nada menos que 254 inscritos. Su recorrido transcurre por los alrededores e interiores del circuito de Hungaroring, en tramos que mezclan el trazado circuitero con carreteras fuera rápidas y bacheadas. Un must go en toda regla para cualquier amante del automovilismo.
Resulta destacable la presencia de ocho vehículos de tipo R5, y aún más destacable que se encuentran representadas sus cinco marcas: Peugeot, Ford, Citroën, Skoda y Hyundai. A la cabeza de la lista estará Dávid Botka, conocido participante del ERC y ex-campeón del ERC2, a bordo de su ya habitual Citroën DS3 R5. Miklós Kazar, cuatro veces campeón de Hungría, lucirá el dorsal número dos en su también habitual Ford Fiesta R5. El campeón saldrá con el número 3: Norbert Herczig cambiará este fin de semana su Mitsubishi EVO IX R4 por un Skoda Fabia R5. Pál Lovász pilotará la unidad del Hyundai i20 R5 que estrenó Fabio Andolfi en el pasado Tour de Corse.
Un espectáculo único
El Szilvester Rallye se ha convertido por méritos propios en meca de los países del este en estas fechas. El campeonato húngaro comparte una prueba con el campeonato serbio, lo que hace dos nacionales hermanados con pilotos intercambiados e inscripciones verdaderamente internacionales. Es una lástima que las noticias que llegan a España desde allí sean escasas porque basta con pasearse por Youtube para comprobar de qué pasta están hechos allí.
Esta edición cuenta con algo menos de 60 kilómetros. Se alternarán dos tramos únicos, los de siempre, Külso y Bëlsö, editando en cada pasada su longitud. El resultado es sorprendentemente inteligente: al realizarse en un espacio relativamente pequeño es posible ver todas las pasadas – no al completo, eso sí – moviéndonos un poco.
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