Pocos piotos son y han sido tan conocidos en el sur como los hermanos lucenses. Y esta no es una afirmación arbitraria o radicalmente subjetiva: tiene un porqué detrás. A nivel nacional hemos tenido a grandes estrellas ralísticas que los más mayores aún recuerdan en charlas a pie de tramo justo antes de que pase el coche cero, pero lo de los hermanos Vallejo es un caso bastante curioso.
Este artículo nació hace unos meses, cerca de Lyon, cuando en una de esas conversaciones de pilotos que han dejado huella salió mi conocido cariño por los lobos. En un principio no supe bien qué responder y, como suele suceder en casos de indecisión, bromeé con un «es que no tiene explicación». El caso es que aquello se quedó dentro de mi, dando vueltas durante estos meses, haciéndome volver a aquella cuestión una y otra vez.
El origen, creo, se remonta hacia el año 2012. Aquella temporada estuvo marcada por la igualdad entre los dos huesos duros de entonces: los gallegos y Miguel Fuster. El Clásico de los rallyes españoles de la época de los GT. También estuvo marcada por los neumáticos de los lobos y su dudosa fiabilidad. Pero su fama en el sur no arranca en los tramos. Los tramos son unas de las razones, no el vehículo.

Viral. Esa es la palabra. El boom de las redes sociales tuvo lugar entre 2012 y 2013, y los Vallejo supieron aprovecharlo con carácter casi visionario. En aquellos años nadie, o casi nadie, usaba Twitter con fines comerciales. Era una red social donde la gente contaba su vida, su día a día, sus ratos libres, sus aficiones y sus odios. Hasta que llegaron los gallegos. De repente un perfil famoso empieza a relacionarse con sus fans. Sus tuits, lo que comparten, es algo con los que sus seguidores virtuales se identifican. Imágenes, frases y comunicados. Algo novedoso, puesto que hasta ese momento la mayoría de perfiles de deportistas de carácter nacional eran herméticos.
«Aquí estamos». Así comenzaron su estancia en Twitter el 3 de marzo de 2011, un año antes del boom. Sus escritos han sido siempre directos, calando fácilmente en los usuarios que los leían. Nada de textos genéricos de cómo ha ido tal rally o de cómo van las preparaciones de tal prueba. Su presencia en la red social se hace diaria, y sus seguidores crecen potencialmente. Toda esa actividad se termina haciendo extensible a Facebook donde, como en Twitter, Sergio y Diego utilizan paralelamente sus perfiles personales. El resultado es que sus nombres aparecen en ambas redes con regularidad.
El siguiente paso en este «efecto Vallejo» es el merchandising. ENFIOS TEXTGROUP primero, hacia 2013, y Distrito901 después fueron los encargados de realizar camisetas, sudaderas y demás prendas y accesorios de Vallejo Racing. El tirón, aprovechando la influencia en redes, fue más que interesante. Lo que se ofertaba era bonito, vistoso y profesional. Y aquello caló hondo.

En 2013 y 2014, por tanto, Vallejo Racing estaba presente en las redes sociales que usábamos cada día y en los tramos gracias al merchandising. Todo se acentuó con el título logrado en ese último año. Definitivamente Diego y Sergio vivían una segunda juventud siendo laureados en toda España. Pero, ¿cómo se traduce todo al andaluz?
Sencillo. Volvamos a 2013. A Córdoba. A cuando el Rallye Sierra Morena se hacía en los meses finales del año y ocupaba dos jornadas de competición. Aquella edición estuvo marcada definitivamente por un suceso puntual: la famosa rueda de galleta, cuya historia ya se relató en este mismo medio. Como resultado perdían veinte minutos y cualquier opción de remontar a Alberto Meira o a Surhayen Pernía.
Recuerdo aquello bastante bien. El único modo de saber qué estaba pasando eran, de nuevo, las redes sociales. Y por ahí anunciaban que, a pesar de la sanción, saldrían al segundo día por la afición. Recuerdo también el calor que se les dio en Posadas, fruto de su decisión. Ese momento marcó un antes y un después en cómo Andalucía concebiría a los Vallejo en adelante.
Un año más tarde, cuando el Rally Ciudad de Pozoblanco era de asfalto y puntuable para el regional andaluz, coincidí en una recta bastante larga con un par de familias. Allí, esperando al primer vehículo, me preguntó uno de los padres si corría Vallejo. Mi reacción fue casi inmediata, con sorpresa: «¿Vallejo? No, no, ellos corren el nacional, esto es regional». Sea por lo que sea, aquel hombre tenía en mente a los lucenses a pesar de que el rally era puntuable para el campeonato andaluz. El «efecto Vallejo» había aterrizado en la otra punta de la península.
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