Es el lado oculto de los rallyes, la cara que no muestra nadie y que posiblemente sea la más perjudicial. Un ruidoso sector de la afición lo compone gente maleducada y cerda que no sabe nada acerca del respeto hacia el vecino o hacia el compañero. Campan a sus anchas por el campo dejando tras ellos un vergonzoso rastro de basura y destrozos.
Terminado el Rally RACC de Catalunya es el momento de recoger los bártulos y volver a casa. La salida del tramo con casi cien mil personas aglutinadas en dos especiales se torna una misión donde la paciencia es clave. Tras la caravana de coches el campo sigue ahí, el lugar donde la familia ha estado comiendo sigue ahí, hasta las cintas siguen ahí hasta que sean retiradas.
El panorama que dejan es desolador: basura por el suelo, vallas metálicas rotas, fincas allanadas… un espectáculo propio de gente sin educación cívica o moral. Y esa gente, después, llega a casa y cuelga fotografías en las redes sociales comentando el buen fin de semana que han pasado. Cuelgan fotografías de los coches, del picnic y de alguna que otra anécdota.
«Buen rally de Catalunya, amigos. Hemos pasado un fin de semana divertidísimo. ¡Ah! Y hemos sido los mejores ensuciando y rompiendo. En unas semanas volveremos a otro. Ojalá haya otro chalet en el que colarnos.»

La historia de siempre con el resultado de siempre
El medio ambiente no puede limpiarse por sí solo. Si dejamos una lata de refresco tirada, esa lata seguirá ahí hasta que sea recogida. Que sí, que una curva puede albergar a muchísima gente y que es imposible controlar a todo el mundo, pero ahí es donde entra el aficionado responsable. Este aficionado es aquel que denuncia verbalmente al que tira basura, al que mete su coche en una propiedad privada o al que se coloca en un lugar prohibido para el público.
Si este aficionado responsable no entra en escena el resultado será el de siempre: todos quedan impunes y nadie es castigado. Y, por supuesto, si no hay castigo habrá repetición en el próximo rally. Y de nuevo se repetirá la misma historia, quedando otra vez el campo sucio y destartalado. Otra vez abrirán fincas privadas para meter sus coches dentro. Y otra vez suspenderán el tramo por la imprudencia de quien quiere colocarse donde le da la gana.
Nos jactamos de tener la mejor afición del mundo, ¿pero es eso cierto? Somos incondicionales a nuestro deporte pero también somos incondicionales a dejar huellas vergonzosas en el medio natural. Así que, si en algo somos los mejores, es en ser unos cerdos y unos sinvergüenzas. Y esa tendencia seguirá igual hasta que suframos un cambio de mentalidad.












