La vida vista a través de los ojos de un niño con una década de edad es interesante, parcial y, sobre todo, envidiable. Tienen esa pizca de curiosidad mezclada con los años finales de la inocencia infantil que hacen de su percepción algo rico y cargado de creatividad. Poseen una facilidad increíble para explicar las cosas, algo que a los adultos les cuesta considerablemente más.
Hoy, Día de los Santos Inocentes, quería hacer algo distinto. Nada de bromas. ¿Sabría, lector, definir en pocas palabras qué es un rally? Seguramente tenga que alzar la mirada, entrecerrar los ojos y pensar en qué adjetivos, sustantivos y verbos son los adecuados. ¿Espectáculo? ¿Pasión? ¿Carreras? Todo es válido, no nos compliquemos más de lo necesario. A mi mismo me cuesta hacerlo. Con una edad superior a la veintena contamos con un bagaje léxico tan grande que tendemos a rebuscar entre toda la mochila de manera excesiva. Priorizamos la precisión sobre la facilidad, aquello que lo defina mejor antes que aquello que nos parezca fácil de asimilar. Eso nos diferencia de los niños.
Ziyad es un chico madrileño de 11 años. Asiste a clase como cualquier chico de su edad, es aficionado al fútbol y le gustan los coches, aunque no tiene contacto con los rallyes. Desde hace tiempo siento una devoción inexplicable por la curiosidad de los niños. Accede a ver un vídeo que le propongo y a contarme qué ve. Es uno de esos Best Of, de corte francés, con imágenes del mundial y del campeonato nacional galo tanto de asfalto como de tierra. Cómo me gustan esas imágenes.

Terminados los cinco minutos, confirma que le ha gustado. “Está guapo porque está currado, los coches están chulos, el drifting está guapo… Los que más me han gustado son el Honda, el Mini Cooper y el Volkswagen. Me gustan el diseño y la pintura”. En eso se resumen sus primeros adalides con la modalidad ‘ralística‘. La espectacularidad de los derrapes en conjunto con las atractivas decoraciones dan como resultado una fórmula capaz de maravillar a la mente más curiosa y exigente.
Hay algo que me interesa más que lo que me ha contado. La vistosidad es un punto fuerte en la captación de nuevos adeptos del motor, pero definir con palabras el visionado es algo mucho más interesante y complejo. ¿Cómo contaría él, Ziyad, lo que ha visto a un amigo suyo?
“Lo resumiría en drifting y coches guapos y rápidos, y algún accidente. Es un vídeo donde salen coches tuneados, donde van haciendo drifting por el monte – o por donde sea – y algunas veces les sale mal y otras les sale bien”. Pausa. Intento comparar sus palabras con las que hubiera usado yo y llego a dos conclusiones. La primera es que Ziyad sólo ha empleado un minuto para contármelo y que yo hubiera empleado bastante más; la segunda es que ha ido a lo básico, a lo fácil de entender; espectáculo, pasión y carreras. ¿Lo recuerdan?












